LOS CUENTOS DE YORCH. INMUNIDAD
Mi estimada compañera de paseos errantes. Hoy quiero compartir contigo mi interés por una palabra que está en muchos periódicos, televisiones, radios y conversaciones, esta es, INMUNIDAD. Seguro que tienes una idea de lo que significa como la inmensa mayoría pero ¿sabemos realmente cuál es su significado?. Inicié un proceso de búsqueda de información y me topé con un excelente trabajo de Ricardo Soca y su página La palabra del día. En ella explica cómo inmunidad, así como inmune y toda su constelación de derivados viene del latín mūnus, que significaba ‘empleo, cargo, responsabilidad’ y también ‘regalo’. Continua afirmando que con el prefijo in-, que delante de m se convertía en im- , tenemos immunis ‘sin empleo, sin cargo, exento’. Exención de obligaciones, aunque también de los honores inherentes a los cargos públicos.
A continuación describe que en castellano antiguo se usaba inmunis para referirse al ciudadano que estaba libre de toda obligación, una denotación que conservamos hoy en el sintagma y en el concepto de inmunidad parlamentaria: la exención de responsabilidad por sus dichos de quien ocupa un escaño legislativo, y ciertos privilegios para los parlamentarios acusados de algún delito. Como ves, tiene una significación original de corte jurídico. A posteiori, concretamente a comienzos del siglo XX, la palabra fue adoptada por la medicina para referirse a las personas que estaban libres de ser contagiadas por algún microorganismo. Surgen entonces derivados como inmunizar, inmunización, autoinmune, etc. ¿Qué te parece?.
Haciendo uso de la libertad de creación me he atrevido a formar una nueva expresión, el Homo Inmunis. La definición sería: aquel que es libre de decidir si se inyecta una sustancia ajena a su cuerpo. Si decide no hacerlo será igual de responsable que si decide hacerlo porque estará actuando con la primaria y mayor responsabilidad que es ser responsable para con uno mismo.
Fíjate que empleo el término libre, algo que hoy en día está en entredicho y no lo digo yo, mira lo que dice Giorgio Agamben en una publicación del 16 de Abril de 2021: "No se trata tanto de la salud como de una vida que no está ni sana ni enferma y que, como tal, por ser potencialmente patógena, puede ser privada de sus libertades y sometida a prohibiciones y controles de todo tipo. Todos los hombres son, en este sentido, virtualmente enfermos asintomáticos". Agamben lo tiene bastante claro, somos privados de nuestras libertades y sometidos a prohibiciones y controles de todo tipo. No estamos sanos ni enfermos, somos potencialmente patógenos y por ende sospechosos hasta que se demuestre lo contrario y por ello deben SOMETERNOS a una prueba invasiva e INOCULARNOS para poder ser receptores de derechos manifestados en un CERTIFICADO. Hemos de ganarnos la libertad obedeciendo y sometiéndonos a pruebas que por otro lado, están cuestionadas desde su implantación.
Agamben continua afirmando que "como el bautismo de una nueva religión, definen la figura invertida de lo que antes se llamaba ciudadanía. Un bautismo ya no indeleble, sino necesariamente provisional y renovable, porque el neo-ciudadano, que siempre tendrá que exhibir su certificado, ya no tiene derechos inalienables e indecidibles, sino sólo obligaciones que deben ser incesantemente decididas y actualizadas".
Vaya, podríamos pensar que el profesor escribe algo así como fruto de las circunstancias actuales pero si buscas publicaciones suyas puedes encontrar una entrevista publicada el 23 de Abril de 2016 en el Pais, y en la que señalaba: “El estado de excepción era un dispositivo provisional para situaciones de peligro. Hoy se ha convertido en un instrumento normal de gobierno". ¡Vaya, estamos en el 2021 y esto lo decía en el 2016!. ¿Estará exagerando? Pues aun hay más: "El ciudadano es un sospechoso, numerado, como en Auschwitz, donde cada deportado tenía su número”. Y lo más grave: “Después de Auschwitz, el presente”.
Un pasaporte, un carnet de vacunado es lo que quieren imponer a día de hoy. Ahora no hay campos, hay cierres perimetrales, toques de queda y confinamientos, todo ello auspiciado en la excepción convertida en norma a través de unas leyes, la ley de estado de alarma, que vulnera la propia Constitución, norma de rango superior. Más de un año con excepcionalidad y ni una pizca de proporcionalidad.
Para esta sociedad distópica, la sociedad del Homo Inmunis, será preciso demostrar que no eres un peligro, que no eres un ser contagioso que va infectando por donde pasa. Boca tapada, distancia y sospecha que desaparecerán si aceptas ser inyectado, como el ganado marcado, y todo por tu propio bien y el de la sociedad.
Pero podrás pensar, bueno, todo esto se acaba en el momento en el que todos estemos vacunados, merece la pena, seremos inmunes. ¡Ah mi compañera!, esa sería la lógica que justificaría tal escenario pero las propias corporaciones farmacéuticas que elaboran las inyecciones y la OMS dicen claramente que: "no existen pruebas de que la vacuna tenga algún efecto sobre la transmisión del virus". "No se dispone de datos pertinentes sobre el efecto de la vacuna en la transmisión o excreción del virus". "Todavía no hay pruebas del efecto de la vacuna sobre la transmisión".
Sí, es difícil de comprender y será necesaria mucha antifragilidad, como diría Taleb, para no sucumbir a semejante panorama lleno de contradicciones.
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