Pasado imperfecto y presente subjetivo.
Versión ácida ==>> La terraza estaba casi vacía. Juan, con su chaqueta perfectamente doblada sobre la silla, hojeaba el periódico mientras Lucía, con el cabello suelto y un cuaderno lleno de garabatos, removía su té con aire distraído. —Qué raro —dijo Juan sin levantar la vista—. Siempre llegas tarde. Lucía sonrió, pero su sonrisa fue tensa. —¿Otra vez con lo mismo? Ya sabes que me pierdo en mis cosas. Juan dejó el periódico. —No es “otra vez con lo mismo”. Es que no cambias. Como aquella vez que llegaste tarde a mi graduación y ni siquiera escuchaste mi discurso. El gesto de Lucía cambió. Soltó la cucharilla con un golpe seco. —Han pasado diez años de eso, Juan. —Sí, pero todavía lo recuerdo. —Su voz sonaba más dura de lo normal—. Ese día era importante para mí, y no estuviste. Igual que hoy: parece que nada de lo que hago merece tu puntualidad. Lucía bajó la mirada, hizo un silencio largo, y luego contestó: —Lo que nunca entiendes es que yo no vivo mirando el reloj. Pero claro,...