El encuentro de perspectivas
Tarde de otoño en una cafetería tranquila. Matías, Clara y Ana habían quedado después de mucho tiempo sin verse.
Ana (mirando por la ventana):
—Las hojas caen despacio… parece un cuadro en movimiento.
Matías (mirando su reloj):
—La temperatura bajó tres grados desde ayer. El viento sopla a unos 20 km/h, por eso se ven así las ramas.
Clara (sonríe):
—¡Qué tarde tan hermosa! El otoño siempre es la estación más mágica, mucho mejor que el frío invierno.
Ana (riendo):
—Depende… para mí el invierno tiene un encanto melancólico, pero es verdad que el otoño da calidez.
Matías:
—El otoño dura aproximadamente tres meses, de septiembre a diciembre en este hemisferio.
Clara (suspira):
—¡Ay, Matías! Hablas tan seco, pareces un robot. Deberías aprender a disfrutar de las cosas bonitas, no solo de los datos.
Ana:
—Bueno, a veces los datos también tienen belleza. Un número puede ser elegante… pero también estoy con Clara: lo emocional cuenta.
Matías (con calma):
—Entiendo lo que dices, pero no estoy emitiendo un juicio, solo describo.
Clara:
—Ya, pero describir sin valorar es aburrido. La vida necesita color, emoción, pasión. ¡Si no, es sosa y gris!
Ana (mirando a ambos):
—Creo que los dos tenéis parte de razón. Los datos son firmes, pero la emoción los vuelve vivos.

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